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24.8.10
10.7.10
¡Lárgate ya!
He recibido en el correo una oferta de Atrápalo.com que decía: “LAS VACACIONES QUE MEJOR TE SIENTAN NO SIEMPRE SON LAS TUYAS. Todos necesitamos desconectar de alguien de vez en cuando, pero pedirle que se largue no siempre es fácil. Regálale un Pack Lárgate y piérdele de vista por una temporada. A lo mejor, incluso te lo acaba agradeciendo.” Me he partido la caja de reír. Y eso no es todo, a parte, te dan la posibilidad de ahorrarte el mal trago de decírselo a la cara y te proponen decírselo ellos a través del Facebook. ¡A su perfil!. ¡Como medida de presión!. Esta vez los de Atrápalo.com se han superado. Me ha picado la curiosidad y he ido a su página. ¡Buá! Han colgado un vídeo buenísimo que os dejo aquí. Lo más cachondo de todo este tema es que ¡me siento identificada!. A mí este año me han dicho: “¡Lárgate!”. ¿Dónde está la cámara oculta?. No puedo parar de reír. Aquí el colega me dijo: “No seas tonta, lárgate con las amigas. Os lo pasareis bien. Es una oportunidad única. No pasa nada si no voy yo. A mí no me importa quedarme sólo”. ¡Toma! ¡Toma!. ¿Casualidad? O no. Qué yo sepa a mí nadie me ha regalado el viaje a Ámsterdam, ¡qué me lo he pagado yo!. Ya que me decía “¡Lárgate!” me podría haber regalado el pack este de Atrápalo.com. Me reitero, ¡qué no puedo parar de reír!. ¡Ai! ¡Qué dolor!. Me llega un vale de esos del pack y bueno, qué me encano a reír cómo lo estoy haciendo ahora porque los mensajes de los vales no tienen desperdicio tampoco. ¿A alguien más se le antoja perderme de vista?. Esto, no me importa, pero que se pase antes por Atrápalo.com.
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7.7.10
De boda por Logroño
No todo fue el hostal Casa con Encanto. ¡Y menos mal!. La noche previa a la boda ya nos pegamos las primeras risas. Había quien cojeaba y tuvimos que llevar a la Tulli, a lo sillón de reina, hasta su hotel de cuatro estrellas. Unos demostraron su hombría y otros, bueno, otros llevamos las muletas. A las cuatro de la mañana, nos recogimos y a las diez, ya estaba duchada y aseada dispuesta a olvidar la noche y la fogosidad de la habitación de al lado. Desayuno en la Plaza del Mercado. “Yo querré un cruasán”. “Y yo”. “Y yo”. “Yo también”. “¿Tenéis cruasanes?”. “No se nos han acabado tenemos tostadas”. Todos al unísono, levantando la mano “¡Tostadas! ¡Tostadas!”. El chico apunta y Enojada dice “Es que yo soy más de salado. ¿Qué tenéis?”. “Pues tenemos pincho de tortilla…”. No le dimos tiempo a más. Todos levantamos la mano en bloque. “Tortilla”. “Tortilla”. “Tortilla”. ¡Qué risas!. La que no se hubiera reído, si hubiera visto el tinglado que había en la plaza, era la novia. “¡Maja! Como vea esto Cris se muere”. Desconocía la afición logroñesa por la roja. Estos tipos se lo toman en serio. Pantalla gigante, unidad móvil de Telecinco, paellada popular y casetas con productos varios típicos de La Rioja. Y todo ello, ¡delante de la puerta de La Redonda!. La que se casaba histérica, por si llovía, vivía ajena a los acontecimientos de la plaza. ¿Quién iba a ser el guapo que se lo dijera?. Pues, nadie. Se hubiera muerto. Menos mal que para la tarde, al menos, quitaron los chiringuitos.
Mientras unas se fueron a ponerse guapetonas a la pelu el resto paseamos. La calle Portales con sus tiendas a lo viejo, estaba en plena actividad. Ese toque de antaño en sus escaparates y su grafismo tan sesentero, ¡me vuelven loca!. De allí al Revellín con su muralla, a quitar el coche de la zona azul. Pagada la multa y fotografiada en mi momento amarillo del día, fuimos testigos de la llegada de una madre a la boda de su hija en la Parroquia de Santiago. ¡Cómo para no enterarse! Iba dando voces por la calle, mientras los peregrinos seguían las marcas del camino. Y ¡chas!, ¡sorpresa!. Un juego de la oca gigante. De oca a oca y tiro porque me toca, volvimos a ser todos un poco chicos. Hicimos el pichorras un rato y marchamos hacia el Puente de Hierro. En la otra orilla de ese Ebro chocolateado por las lluvias de estos días, había un parque musical. Fuimos niños de nuevo. Adultos jugando a esconderse del sol, intentado hacer funcionar todos y cada uno de los aparatejos que allí había. Volvimos a la otra orilla por la pasarela peatonal, atravesandola vimos a un tostado viejete en piragua, surcador de aguas a toda marcha, acompañando a la corriente hacia el Puente de Piedra. En el Parque del Ebro peloteaban en el frontón y todos estábamos secos. Era la hora de comer. Era la hora de laurelear.
Amo la Calle Laurel. Adoro la Calle Laurel. Senda de los elefantes, en la que no se necesita ni rifle ni fusil, sólo ganas de laurelear. La trompa está asegurada; de allí su nombre. Zona de chiquiteo de Logroño a donde se va a chafardear, tirar de tintos y a tapear. Es un rincón gastronómico al aire libre digno de ser degustado con pasión y ganas. Los bares son conocidos por sus especialidades así que de esta manera relato nuestro safari. Primera al de los champis, luego al de los pinchos morunos, sentados en mesa ajena por motivos logísticos, Ronal se hacía cargo de no dejarnos secos ni hambrientos. El filipino cazó para nosotros unos tigres, robé unos chatungos para el ajuar de Ire y nos fuimos de cabeza al de los huevos rotos. Unos los pidieron con chorizo, otros con bacalao, otros con roquefort,… Se dice que entrar a la Laurel es fácil pero que salir no tanto. Muchos se perdieron en ella y nunca salieron; y los que lo hicieron, casi siempre a cuatro patas. Pues imaginaros como acabamos. ¡Teniendo que ir a dormir la siesta! Eran las cuatro, a las seis era la boda y había que ir decentes.
Llegamos tarde a la ceremonia, para variar. La novia guapísima y emocionada. Con velo y cola, boda de princesa. Como la había soñando desde pequeña. Tal cual nos la contaba en nuestras rutas de cuelga de carteles para las fiestas del pueblo. Hubo una excepción, el ramo, orquídeas rosas en lugar de calas blancas. Mucha niña mona, mucha falsa elegancia de provincias y ¡mucho kiki!. Dios, santo. Pena no haber hecho foto a tanta ostentación de plumas, floriponcios y volúmenes imposibles sobre las cabezas de las invitadas. Había de todo. Las sencillas, las horteras, las digital plus, las faisanes,… ¡y no se lo quitaron en toda la noche! Eso es poderío y lo demás tonterías. Lo mejor de la boda, nuestra mesa y nuestros satélites en las mesas vecinas. Cantamos el gol de la victoria y tocamos las bubucelas, para irritación de la novia que no quería ni oír hablar del Mundial. La comida rica y el solomillo sublime, todo bañado en buen tinto de La Rioja, ¡cómo no!. El resto de invitados no interaccionó mucho con nosotros pero, la verdad, íbamos sobrados de cachondeo y diversión. Perseguimos a Montilla y conseguimos hacernos una foto con él. Todo el clan catalán contentos, bailamos al ritmo de Chimo Bayo. Desaparecí con el último autobús, con una botella de vino bajo el brazo, con los tacones en una bolsa y un acompañante que no faltó al protocolo, preguntándome si esta sería la última boda. Siempre acaba casándose alguien. No sé qué digo.
5.7.10
Hostal con encanto
Paradisíaco lugar este del hostal Casa con Encanto La Redonda en plenos Portales. ¡Y una mierda!. Hacía tiempo que dormir fuera de casa no era tan traumático. Entre ruidos, sexuales y pastraneros, olores naftalinos y luces de emergencia, pasé las noches en vela. Sobre todo la primera. No por nervios, ¡qué yo no me casaba!, sino por asco y miedo. Porque estaba acompañada del oso polar que si no, nada más ponerme el pijama, me hubiera ido a cobijarme a cama ajena (se sobrentiende que conocida, claro está). Sus rugidos nocturnos espantan así que estaba protegida. Hacía un calor inhumano, de primeras, me negué a encender el ventilador, no fuera a ser que lo nauseabundo del lugar se fuera a propagar y se me metiese de por vida en los pulmones. Fue por causa mayor. La humedad saturada y condensada nos estaba asfixiando. Nos teníamos que vestir para el bodorrio y no había manera de secarme el pelo. Me había negado a ir a la pelu y no me quedaba otra que tirar de maña. Serían las 17:30 y todavía no llevaba ni las medias puestas. No contaba con la meteorología particular de ese sórdido lugar, la habitación 207. (Sórdido, ¡qué palabra!. Aquí el Polar la repitió todo el viaje). Esa mañana, al ser la boda por la tarde, habíamos quedado a las puertas del hostal para ir a desayunar. Así que, muerta de sueño me duché de puntillas y con repugnancia. Necesitaba salir de allí cuanto antes. Prefería llevar ojeras todo el día y dormirme en plena calle Laurel antes de pasar más tiempo del necesario en esa habitación con paredes de papel y radiadores oxidados. ¡Estaba psicótica!. No, en serio, este sitio no es para nada recomendable. Tiene página web pero no la pienso ni poner. Todos estuvimos de acuerdo en decir que era super chungo el lugar, pero creo que sólo yo me pegué las dos noches durmiendo a trompicones. ¿Por qué no iríamos al hotel que busqué a mis padres el verano pasado? ¡Por qué!
26.5.10
Encuentros casuales fascinantes: La señora del Que!
El tren continúa su trayecto. Hacía tiempo que no viajaba a este lado, ni a esta hora. Son las 10:33 acabamos de salir de Reus. El termómetro marca 20ºC, aunque diría que hace más calor. Luce el sol y la playa está particularmente bonita. Decididamente tengo buen ojo. La elección del asiento en estos casos es decisiva y yo siempre elijo bien. No me gusta presumir pero es así. Mi atino me proporciona encuentros casuales fascinantes y hoy he estado muy fina.
No sé cómo se llama. Esto en realidad no importa. Hasta hace unos segundos la tenía sentada delante. Momento de esos raros que acostumbran a salpicar bastante a menudo mi vida. Cuando los cuento, suelen sorprender. Parecen una invención, pero juro que son encuentros reales. A la primera que pillan desprevenida es a mí.
Se ha girado y me ha ofrecido un usado QUE!. Extrañada le he sonreído y le he dado las gracias. Normalmente los suelen dejar abandonados a la espera de quien los cace. A mí, me lo han regalado. Porque ha sido un premio o, por lo menos, eso me ha parecido. Acababan de llamarme al móvil llegando a Altafulla. Conversación corta llena de cariño. “Deu (transcripción: Adeu), guapa. Te quiero” “Y yo deu (Adeu). Te echaré de menos”. Al rato, ella y su periódico. “Por cierto. Tengo que darte las gracias. Encontrarse con gente como té es extraño”. Mi cara le decía que no entendía por qué, pero… “Gracias”. “Antes cuando te ha sonado el teléfono, me dicho: Quina nena mes maca. Aquesta és de les meves”. Seguían sin entender, pero mis ojos no paraban de darle las gracias. “Es difícil encontrar gente que hable por el móvil como tú los has hecho. Tenía ganas de girarme y conocerte. Es que hay gente que chilla mucho y te rompe la calma. En cambio tú…” Por fin lo comprendía. “Ya, entiendo. Hay gente que se olvida que hay personas alrededor” “No creas que he escuchado lo que decías. Ha sido tu timbre, tu tono. Sonaba tan dulce. Me has transmitido paz” ¡Qué sorpresa! ¡Qué honor! Inmerecido totalmente, pero… ¡gracias!. “Vaya, gracias” “Me he dicho: Aquesta nena arribarà lluny d'aquesta manera. T'estic molt agraïda”. ¡Yo, sí que estoy agradecida! “No hay de qué, cuesta muy poco” “Porto tot el matí molt inquieta. Avui és un dia difícil per a mi. Trobar-me amb tu ha estat meravellós. Tu voz tiene mucha profundidad. Calma. Transmites calma. Gràcies nena m'has donat forces” ¿Fuerzas? ¿Cómo? ¿Cómo he dado tanto con tan poco? ¿Cómo he dado tanto sin enterarme? Señora, se equivoca, creo que esto está siendo a l'inrevés. “Lo mismo digo. Encontrarme con usted, ha sido muy mágico. Que pase muy buena mañana” Sonríe y se gira. Miro alrededor. Siempre miro por si alguien me señala y me dice: “¡Inocente!”
¡Dios, ha sido maravilloso! Me han entrado ganas hasta de abrazarla. ¿Qué le daría tanto miedo? No he preguntado. Nunca lo hago. ¿Por qué nunca preguntaré? Tal vez, sólo necesitara hablar. No sentirse sola. Me alegra tanto haberla acompañado hacia la tranquilidad. ¡Le he transmitido felicidad! ¡Brutal! Aunque en realidad, esta mañana ella ha hecho más por mí que yo por ella. En si que ha marchado, me he puesto a escribir. Ya estamos en Mora la Nova y creo que el chico de los asientos de al lado me mira con curiosidad. Llevo un buen rato tachando y rehaciendo este texto, aprovechando hasta el último milímetro de esta hoja usada que tenía por la mochila. Iba a utilizar el QUE!, pero me ha sabido mal. Tal vez alguien lo quiera leer.
No sé cómo se llama. Esto en realidad no importa. Hasta hace unos segundos la tenía sentada delante. Momento de esos raros que acostumbran a salpicar bastante a menudo mi vida. Cuando los cuento, suelen sorprender. Parecen una invención, pero juro que son encuentros reales. A la primera que pillan desprevenida es a mí.
Se ha girado y me ha ofrecido un usado QUE!. Extrañada le he sonreído y le he dado las gracias. Normalmente los suelen dejar abandonados a la espera de quien los cace. A mí, me lo han regalado. Porque ha sido un premio o, por lo menos, eso me ha parecido. Acababan de llamarme al móvil llegando a Altafulla. Conversación corta llena de cariño. “Deu (transcripción: Adeu), guapa. Te quiero” “Y yo deu (Adeu). Te echaré de menos”. Al rato, ella y su periódico. “Por cierto. Tengo que darte las gracias. Encontrarse con gente como té es extraño”. Mi cara le decía que no entendía por qué, pero… “Gracias”. “Antes cuando te ha sonado el teléfono, me dicho: Quina nena mes maca. Aquesta és de les meves”. Seguían sin entender, pero mis ojos no paraban de darle las gracias. “Es difícil encontrar gente que hable por el móvil como tú los has hecho. Tenía ganas de girarme y conocerte. Es que hay gente que chilla mucho y te rompe la calma. En cambio tú…” Por fin lo comprendía. “Ya, entiendo. Hay gente que se olvida que hay personas alrededor” “No creas que he escuchado lo que decías. Ha sido tu timbre, tu tono. Sonaba tan dulce. Me has transmitido paz” ¡Qué sorpresa! ¡Qué honor! Inmerecido totalmente, pero… ¡gracias!. “Vaya, gracias” “Me he dicho: Aquesta nena arribarà lluny d'aquesta manera. T'estic molt agraïda”. ¡Yo, sí que estoy agradecida! “No hay de qué, cuesta muy poco” “Porto tot el matí molt inquieta. Avui és un dia difícil per a mi. Trobar-me amb tu ha estat meravellós. Tu voz tiene mucha profundidad. Calma. Transmites calma. Gràcies nena m'has donat forces” ¿Fuerzas? ¿Cómo? ¿Cómo he dado tanto con tan poco? ¿Cómo he dado tanto sin enterarme? Señora, se equivoca, creo que esto está siendo a l'inrevés. “Lo mismo digo. Encontrarme con usted, ha sido muy mágico. Que pase muy buena mañana” Sonríe y se gira. Miro alrededor. Siempre miro por si alguien me señala y me dice: “¡Inocente!”
¡Dios, ha sido maravilloso! Me han entrado ganas hasta de abrazarla. ¿Qué le daría tanto miedo? No he preguntado. Nunca lo hago. ¿Por qué nunca preguntaré? Tal vez, sólo necesitara hablar. No sentirse sola. Me alegra tanto haberla acompañado hacia la tranquilidad. ¡Le he transmitido felicidad! ¡Brutal! Aunque en realidad, esta mañana ella ha hecho más por mí que yo por ella. En si que ha marchado, me he puesto a escribir. Ya estamos en Mora la Nova y creo que el chico de los asientos de al lado me mira con curiosidad. Llevo un buen rato tachando y rehaciendo este texto, aprovechando hasta el último milímetro de esta hoja usada que tenía por la mochila. Iba a utilizar el QUE!, pero me ha sabido mal. Tal vez alguien lo quiera leer.
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21.4.10
A Caspe con carnet joven
“Tren con destinación…” (pausa) “Caspe…” (pausa)… “Va a efectuar su salida”. Paseo de Gracia. H 17.25 T 25ºC.
“¡Mujer! ¡Cuánto tiempo sin verte!”. “¡Y qué lo digas!. ¿La familia bien?. ¡Bufff! ¡Si hace que no os veo! ¿Y el chico? Ya será todo un hombre…”. “Ahora está por Nueva York. Es músico. ¡Uy, chica! No sabes bien la pasión que tiene por la música”. “¿Qué me dices? ¡Qué alegría! Y músico nada menos que te ha salido. ¡Divino!”. “Una carrera muy sacrificada. Pero mira, era lo que quería. A su padre y a mí ya nos lo dijo. Papá, mamá, la música es mi vida. ¡Sin música me muero!. No sé si llegaré a vivir de esto, pero lo que sí sé es que lo quiero vivir bien. ¿Y qué le ibas a decir?”. “Y que dices ¿está en Nueva York? ¡Nueva York es preciosísimo!”. “¿Qué has estado? Yo también viajo mucho. Ayer mismo volví de Buenos Aires. Cada dos por tres voy”. “Pues no, no he estado. Me da una pereza un viaje de tantas horas. ¡Ui! ¡No!. Pero me lo sé como si hubiera estado. Con el programa ese del mundo lo puedes ver todo, ¡y sin moverte de casa! Es que ahora voy a clases de informática.” (Enorme y sonora carcajada) “¡Quién lo diría a mi edad! ¿Verdad?” “Pero ¿qué dices, Pilar?. Tú estás… ¡divina!. Siempre has sido una mujer muy guapa, eso también hay que decirlo” (Igual o peor estruendo de risas) “Anda. Quita. Quita. La edad no perdona. Pero es verdad, me conservo fenomenal. Hoy el dentista me lo ha dicho: Pilar, estás estupenda. Anda, deja que te dé dos besos por guapa. ¡Qué hombre!” (Otra enorme carcajada) “Estas jubilada ya, ¿verdad?”. “Pues sí. ¡Qué aburrimiento!. Aunque intento entretenerme como puedo”. “Con tantos hijos, ya serás abuela ¿no? Seguro que te los dejan a veces” (Risotada) “¡No, por dios! Para que me den faena estoy yo. Los veo algún fin de semana y las fiestas importantes. Los niños están de guapooooossss. ¡Y cantidad de listos que son!” (Saca el móvil. Enseña las fotos de los nietos). “¡Por dios! ¡Son guapísimos!”. “¡Divinos! Ya te dije” (Carcajada y gorda) “¿Y como dices que te aburres?”. “Chica, la monotonía es muy mala. Voy dos veces a la semana a informática. Pero lo voy a dejar. ¡Ui! ¡Las máquinas no son para mí! La cabeza de las mujeres no está hecha para esto” (Risotadas múltiples y al unísono) “Todos los viernes, o sábados. Qué algunas veces voy los sábados. Voy a mi peluquera. Como siempre he dicho, todo menos perder la cabeza” (El no va más de la risa) “Cuando me da también voy tuchi”. “¿Tai-chi?”. “Si eso. Y a Guacachin”. “¿A Acua-yin? Hija, estás super puesta”. “Pero lo que más me gusta es estar con las amigas. ¡Cómo nos divertimos! Pero sin maridos, que como ellas dicen, son peor que una alfombra persa en medio del pasillo” (Carcajada jolgórica de estado 10 en la escala de Richter). “¿Pero tu marido murió no? Pobre, con lo buen hombre que era”. “Pues sí. A los cinco años de jubilarse, ¡va y se muere!. En toda la vida no hizo más que trabajar. Pero bueno, mira, así no discuto con nadie, no doy explicaciones, entro y salgo cuando quiero, ¡y disfruto de la vida hija!. No sabes lo viajes que hacemos mis amigas y yo”. “A ¿si?. ¿A dónde?”. “El último a Turquía. Todo aquello, ¡preciosísimo!. ¡Qué cultura! Son tan exóticos. Ahora quieren que vayamos a Jerusalén. ¡Ui! ¡Pero no! ¡Allí sí que no!”. “Dicen que es muy bonito. Yo también es un viaje que tengo pendiente”. “¡Ui! ¡Si, preciosísimo! Eso es una maravilla. Pero no. ¡Jamás de los jamases!. ¡No! ¡No! ¡A a boca del lobo no! Pero si vamos a San Petersburgo, ¡quizás!” (Risas y risotadas) “Si no, siempre nos quedará el ordenador. Yo cuando no sé qué hacer. Juego al solitario. ¡Pero qué listas son las máquinas! ¡Me gana siempre!”. “Pues ¡búscate novio!” (El sumun de las risas). “¡Para qué! ¿Uno de mi edad? ¡Ai! ¡No! ¡Qué chochean! Yo no pienso limpiar a nadie”. “Uno más joven, como hacen ellos”. “Los jóvenes en mujeres como yo no se fijan y si se fijan es para sacarle los cuartos”. (Juajaujauajauajuaaaaaa) “¡Cómo eres! Si, mujer, tú como siempre tan precavida. ¿Aún tienes las plazas de parquing en Reus?, ¿o ya las has vendido?”. “Allí están paradas. Pero como les digo a mis hijos: Cuando me falte para comer ya haré algo con ellas. Y mira que me insisten”. “Oye, ¿qué es de tus hijos?”. “Pues la niñas....” (Y bla bla bla. Y ja ja ja) Reus. H 18.51 T 23 ºC.
Por fin. Menos mal que no eran de Mora la Nova, ¡qué ya me lo estaba temiendo!. Ahora sí, a disfrutar del viaje. Qué romántico es viajar en tren. El sol dándote en la cara, el paisaje, el Ebro,..., se me cierran los ojos. Cabezadita. “Bueno, pues nada” (qué susto) “Encantada. Yo me bajo aquí. Buen viaje, que a usted aún le queda un rato ¿no?”. “Pues sí, gracias”. “Qué poco hemos hablado nosotras y esas señoras no han parado. ¡Y qué risas pegaban! Qué descanso cuando se han ido ¿verdad?”. “Y que lo diga”. “Bueno, maca. A ver si ahora puedo bajar por esas escaleras”. Sonrío. Sonríe. Faio-La Pobla de Massaluca. H 20.20 T 21 ºC.
Caspe. Hora estimada de llegada: 20.52. Temperatura exterior: 21 ºC. Personal en andén: dos moros, un japo y mi padre.
“¡Mujer! ¡Cuánto tiempo sin verte!”. “¡Y qué lo digas!. ¿La familia bien?. ¡Bufff! ¡Si hace que no os veo! ¿Y el chico? Ya será todo un hombre…”. “Ahora está por Nueva York. Es músico. ¡Uy, chica! No sabes bien la pasión que tiene por la música”. “¿Qué me dices? ¡Qué alegría! Y músico nada menos que te ha salido. ¡Divino!”. “Una carrera muy sacrificada. Pero mira, era lo que quería. A su padre y a mí ya nos lo dijo. Papá, mamá, la música es mi vida. ¡Sin música me muero!. No sé si llegaré a vivir de esto, pero lo que sí sé es que lo quiero vivir bien. ¿Y qué le ibas a decir?”. “Y que dices ¿está en Nueva York? ¡Nueva York es preciosísimo!”. “¿Qué has estado? Yo también viajo mucho. Ayer mismo volví de Buenos Aires. Cada dos por tres voy”. “Pues no, no he estado. Me da una pereza un viaje de tantas horas. ¡Ui! ¡No!. Pero me lo sé como si hubiera estado. Con el programa ese del mundo lo puedes ver todo, ¡y sin moverte de casa! Es que ahora voy a clases de informática.” (Enorme y sonora carcajada) “¡Quién lo diría a mi edad! ¿Verdad?” “Pero ¿qué dices, Pilar?. Tú estás… ¡divina!. Siempre has sido una mujer muy guapa, eso también hay que decirlo” (Igual o peor estruendo de risas) “Anda. Quita. Quita. La edad no perdona. Pero es verdad, me conservo fenomenal. Hoy el dentista me lo ha dicho: Pilar, estás estupenda. Anda, deja que te dé dos besos por guapa. ¡Qué hombre!” (Otra enorme carcajada) “Estas jubilada ya, ¿verdad?”. “Pues sí. ¡Qué aburrimiento!. Aunque intento entretenerme como puedo”. “Con tantos hijos, ya serás abuela ¿no? Seguro que te los dejan a veces” (Risotada) “¡No, por dios! Para que me den faena estoy yo. Los veo algún fin de semana y las fiestas importantes. Los niños están de guapooooossss. ¡Y cantidad de listos que son!” (Saca el móvil. Enseña las fotos de los nietos). “¡Por dios! ¡Son guapísimos!”. “¡Divinos! Ya te dije” (Carcajada y gorda) “¿Y como dices que te aburres?”. “Chica, la monotonía es muy mala. Voy dos veces a la semana a informática. Pero lo voy a dejar. ¡Ui! ¡Las máquinas no son para mí! La cabeza de las mujeres no está hecha para esto” (Risotadas múltiples y al unísono) “Todos los viernes, o sábados. Qué algunas veces voy los sábados. Voy a mi peluquera. Como siempre he dicho, todo menos perder la cabeza” (El no va más de la risa) “Cuando me da también voy tuchi”. “¿Tai-chi?”. “Si eso. Y a Guacachin”. “¿A Acua-yin? Hija, estás super puesta”. “Pero lo que más me gusta es estar con las amigas. ¡Cómo nos divertimos! Pero sin maridos, que como ellas dicen, son peor que una alfombra persa en medio del pasillo” (Carcajada jolgórica de estado 10 en la escala de Richter). “¿Pero tu marido murió no? Pobre, con lo buen hombre que era”. “Pues sí. A los cinco años de jubilarse, ¡va y se muere!. En toda la vida no hizo más que trabajar. Pero bueno, mira, así no discuto con nadie, no doy explicaciones, entro y salgo cuando quiero, ¡y disfruto de la vida hija!. No sabes lo viajes que hacemos mis amigas y yo”. “A ¿si?. ¿A dónde?”. “El último a Turquía. Todo aquello, ¡preciosísimo!. ¡Qué cultura! Son tan exóticos. Ahora quieren que vayamos a Jerusalén. ¡Ui! ¡Pero no! ¡Allí sí que no!”. “Dicen que es muy bonito. Yo también es un viaje que tengo pendiente”. “¡Ui! ¡Si, preciosísimo! Eso es una maravilla. Pero no. ¡Jamás de los jamases!. ¡No! ¡No! ¡A a boca del lobo no! Pero si vamos a San Petersburgo, ¡quizás!” (Risas y risotadas) “Si no, siempre nos quedará el ordenador. Yo cuando no sé qué hacer. Juego al solitario. ¡Pero qué listas son las máquinas! ¡Me gana siempre!”. “Pues ¡búscate novio!” (El sumun de las risas). “¡Para qué! ¿Uno de mi edad? ¡Ai! ¡No! ¡Qué chochean! Yo no pienso limpiar a nadie”. “Uno más joven, como hacen ellos”. “Los jóvenes en mujeres como yo no se fijan y si se fijan es para sacarle los cuartos”. (Juajaujauajauajuaaaaaa) “¡Cómo eres! Si, mujer, tú como siempre tan precavida. ¿Aún tienes las plazas de parquing en Reus?, ¿o ya las has vendido?”. “Allí están paradas. Pero como les digo a mis hijos: Cuando me falte para comer ya haré algo con ellas. Y mira que me insisten”. “Oye, ¿qué es de tus hijos?”. “Pues la niñas....” (Y bla bla bla. Y ja ja ja) Reus. H 18.51 T 23 ºC.
Por fin. Menos mal que no eran de Mora la Nova, ¡qué ya me lo estaba temiendo!. Ahora sí, a disfrutar del viaje. Qué romántico es viajar en tren. El sol dándote en la cara, el paisaje, el Ebro,..., se me cierran los ojos. Cabezadita. “Bueno, pues nada” (qué susto) “Encantada. Yo me bajo aquí. Buen viaje, que a usted aún le queda un rato ¿no?”. “Pues sí, gracias”. “Qué poco hemos hablado nosotras y esas señoras no han parado. ¡Y qué risas pegaban! Qué descanso cuando se han ido ¿verdad?”. “Y que lo diga”. “Bueno, maca. A ver si ahora puedo bajar por esas escaleras”. Sonrío. Sonríe. Faio-La Pobla de Massaluca. H 20.20 T 21 ºC.
Caspe. Hora estimada de llegada: 20.52. Temperatura exterior: 21 ºC. Personal en andén: dos moros, un japo y mi padre.
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