El tren continúa su trayecto. Hacía tiempo que no viajaba a este lado, ni a esta hora. Son las 10:33 acabamos de salir de Reus. El termómetro marca 20ºC, aunque diría que hace más calor. Luce el sol y la playa está particularmente bonita. Decididamente tengo buen ojo. La elección del asiento en estos casos es decisiva y yo siempre elijo bien. No me gusta presumir pero es así. Mi atino me proporciona encuentros casuales fascinantes y hoy he estado muy fina.
No sé cómo se llama. Esto en realidad no importa. Hasta hace unos segundos la tenía sentada delante. Momento de esos raros que acostumbran a salpicar bastante a menudo mi vida. Cuando los cuento, suelen sorprender. Parecen una invención, pero juro que son encuentros reales. A la primera que pillan desprevenida es a mí.
Se ha girado y me ha ofrecido un usado QUE!. Extrañada le he sonreído y le he dado las gracias. Normalmente los suelen dejar abandonados a la espera de quien los cace. A mí, me lo han regalado. Porque ha sido un premio o, por lo menos, eso me ha parecido. Acababan de llamarme al móvil llegando a Altafulla. Conversación corta llena de cariño. “Deu (transcripción: Adeu), guapa. Te quiero” “Y yo deu (Adeu). Te echaré de menos”. Al rato, ella y su periódico. “Por cierto. Tengo que darte las gracias. Encontrarse con gente como té es extraño”. Mi cara le decía que no entendía por qué, pero… “Gracias”. “Antes cuando te ha sonado el teléfono, me dicho: Quina nena mes maca. Aquesta és de les meves”. Seguían sin entender, pero mis ojos no paraban de darle las gracias. “Es difícil encontrar gente que hable por el móvil como tú los has hecho. Tenía ganas de girarme y conocerte. Es que hay gente que chilla mucho y te rompe la calma. En cambio tú…” Por fin lo comprendía. “Ya, entiendo. Hay gente que se olvida que hay personas alrededor” “No creas que he escuchado lo que decías. Ha sido tu timbre, tu tono. Sonaba tan dulce. Me has transmitido paz” ¡Qué sorpresa! ¡Qué honor! Inmerecido totalmente, pero… ¡gracias!. “Vaya, gracias” “Me he dicho: Aquesta nena arribarà lluny d'aquesta manera. T'estic molt agraïda”. ¡Yo, sí que estoy agradecida! “No hay de qué, cuesta muy poco” “Porto tot el matí molt inquieta. Avui és un dia difícil per a mi. Trobar-me amb tu ha estat meravellós. Tu voz tiene mucha profundidad. Calma. Transmites calma. Gràcies nena m'has donat forces” ¿Fuerzas? ¿Cómo? ¿Cómo he dado tanto con tan poco? ¿Cómo he dado tanto sin enterarme? Señora, se equivoca, creo que esto está siendo a l'inrevés. “Lo mismo digo. Encontrarme con usted, ha sido muy mágico. Que pase muy buena mañana” Sonríe y se gira. Miro alrededor. Siempre miro por si alguien me señala y me dice: “¡Inocente!”
¡Dios, ha sido maravilloso! Me han entrado ganas hasta de abrazarla. ¿Qué le daría tanto miedo? No he preguntado. Nunca lo hago. ¿Por qué nunca preguntaré? Tal vez, sólo necesitara hablar. No sentirse sola. Me alegra tanto haberla acompañado hacia la tranquilidad. ¡Le he transmitido felicidad! ¡Brutal! Aunque en realidad, esta mañana ella ha hecho más por mí que yo por ella. En si que ha marchado, me he puesto a escribir. Ya estamos en Mora la Nova y creo que el chico de los asientos de al lado me mira con curiosidad. Llevo un buen rato tachando y rehaciendo este texto, aprovechando hasta el último milímetro de esta hoja usada que tenía por la mochila. Iba a utilizar el QUE!, pero me ha sabido mal. Tal vez alguien lo quiera leer.
No sé cómo se llama. Esto en realidad no importa. Hasta hace unos segundos la tenía sentada delante. Momento de esos raros que acostumbran a salpicar bastante a menudo mi vida. Cuando los cuento, suelen sorprender. Parecen una invención, pero juro que son encuentros reales. A la primera que pillan desprevenida es a mí.
Se ha girado y me ha ofrecido un usado QUE!. Extrañada le he sonreído y le he dado las gracias. Normalmente los suelen dejar abandonados a la espera de quien los cace. A mí, me lo han regalado. Porque ha sido un premio o, por lo menos, eso me ha parecido. Acababan de llamarme al móvil llegando a Altafulla. Conversación corta llena de cariño. “Deu (transcripción: Adeu), guapa. Te quiero” “Y yo deu (Adeu). Te echaré de menos”. Al rato, ella y su periódico. “Por cierto. Tengo que darte las gracias. Encontrarse con gente como té es extraño”. Mi cara le decía que no entendía por qué, pero… “Gracias”. “Antes cuando te ha sonado el teléfono, me dicho: Quina nena mes maca. Aquesta és de les meves”. Seguían sin entender, pero mis ojos no paraban de darle las gracias. “Es difícil encontrar gente que hable por el móvil como tú los has hecho. Tenía ganas de girarme y conocerte. Es que hay gente que chilla mucho y te rompe la calma. En cambio tú…” Por fin lo comprendía. “Ya, entiendo. Hay gente que se olvida que hay personas alrededor” “No creas que he escuchado lo que decías. Ha sido tu timbre, tu tono. Sonaba tan dulce. Me has transmitido paz” ¡Qué sorpresa! ¡Qué honor! Inmerecido totalmente, pero… ¡gracias!. “Vaya, gracias” “Me he dicho: Aquesta nena arribarà lluny d'aquesta manera. T'estic molt agraïda”. ¡Yo, sí que estoy agradecida! “No hay de qué, cuesta muy poco” “Porto tot el matí molt inquieta. Avui és un dia difícil per a mi. Trobar-me amb tu ha estat meravellós. Tu voz tiene mucha profundidad. Calma. Transmites calma. Gràcies nena m'has donat forces” ¿Fuerzas? ¿Cómo? ¿Cómo he dado tanto con tan poco? ¿Cómo he dado tanto sin enterarme? Señora, se equivoca, creo que esto está siendo a l'inrevés. “Lo mismo digo. Encontrarme con usted, ha sido muy mágico. Que pase muy buena mañana” Sonríe y se gira. Miro alrededor. Siempre miro por si alguien me señala y me dice: “¡Inocente!”
¡Dios, ha sido maravilloso! Me han entrado ganas hasta de abrazarla. ¿Qué le daría tanto miedo? No he preguntado. Nunca lo hago. ¿Por qué nunca preguntaré? Tal vez, sólo necesitara hablar. No sentirse sola. Me alegra tanto haberla acompañado hacia la tranquilidad. ¡Le he transmitido felicidad! ¡Brutal! Aunque en realidad, esta mañana ella ha hecho más por mí que yo por ella. En si que ha marchado, me he puesto a escribir. Ya estamos en Mora la Nova y creo que el chico de los asientos de al lado me mira con curiosidad. Llevo un buen rato tachando y rehaciendo este texto, aprovechando hasta el último milímetro de esta hoja usada que tenía por la mochila. Iba a utilizar el QUE!, pero me ha sabido mal. Tal vez alguien lo quiera leer.

