No será peor de lo que era • No será peor, seguro que es mejor • No será peor de lo que era • No será peor, seguro que es mejor • Y aunque juré que nunca más • me acerco hasta el servicio a que me pongan otra • No será peor de lo que era • No será peor, seguro que es mejor • No será peor de lo que era • No será peor, seguro que es mejor • Y aunque juré que nunca más• Le digo al Chino: “Vamos a ponernos otra” • No será peor de lo que era • No será peor, seguro que es mejor • No será peor de lo que era • No será peor, seguro que es mejor • No será peor, seguro que es mejor • No será peor de lo que era • No será peor, seguro que es mejor • Y aunque juré que nunca más • Voy a darme una fiesta por mi cumpleaños • [Cumpleaños total / Los Planetas]
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3.8.11
8.6.11
Junio cumple años
Y dice que le pesan. A pesar de la operación biquini le pesan. No sabe lo que dice. Será que ha amanecido lluvioso, será que lo empezaron a llamar “horrible”. Que tonto. Si supiera lo bien que le sientan y lo bonito que se pone cuando sopla. Si viera cómo colorea mejillas cuando mira. Si sintiera el olor a jazmín que desprenden sus paseos. ¡Ai! Si de todo eso se diera cuenta…

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14.2.11
4.8.10
Pastillitas "Contra todos los males"
Xispi, se nos hace grande. Según ella, vieja. ¡Pero cómo se atreve!. Ayer fue su día y llevaba dolor de corazón. Le negaban unas cervezas en buena compañía o eso es lo que ella creía. Al final, todo mentira. En realidad, no estuvo sola ni un solo minuto del día. Por si las moscas, por si la tristeza se le quedaba adherida al corazón le preparé un remedio casero de los míos. Una cajita llena de pastillitas mágicas contra todos los males. Un alivia tristezas en toda regla. Provocador de sonrisas y suspiros calmantes. Anestésico de colores y papel. Ecológico y reciclable. Un animoso para almas alegres alicaídas. Espiritoso y divertido. Para consumir en soledad o en compañía. Y “como pasaba por el centro”, en la Vi que me presenté. Y creo que le gustó.
Con tanto ajetreo quimérico no puede gaseosamente felicitarte Dramática mía. Te deseo suertecita.
Que tengas suertecita • Que te conceda la vida, cada día, lo que te mereces • Que no te falte de nada • Que no te dé la espalda, la esperanza • Que encuentres el buen camino • Que sea el tuyo y no el mío y, si es el mismo, enséñamelo • Que no hagas caso de aduladores • Que no te fíes de los vencedores, ganando competiciones, elecciones y popularidad • Que tengas suertecita • Que tengas suertecita • Que no te falte capacidad, para discernir el más acá del confuso más allá, que es realidad aparte • Que no pierdas más el tiempo • Que ser el rico del cementerio, no es buen invento y es peor epitafio • Que no te falte esa canción, que repare tu corazón, en el momento peor, que hayas conocido • Que tengas suertecita • Que tengas suertecita • Que tengas suertecita • [El viaje a ninguna parte / Bunbury]
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6.7.10
Ana
Tiene treinta años y ahora todo le va bien • Tubo mucha prisa y se salió más de una vez • Fueron los excesos y las ganas de correr • Ana tubo eso que le hizo tenerse en pie • Tubo mil historias • Tubo algo en qué creer • Y ahora coge sus tacones y la noche empieza arder • Tu cuidado con lo que dices que está hecha de cicatrices • Es el verbo en carne viva es la mujer elegida • No la busques déjala • Para ya, para ya • Vive tu vida también • Cuidate tú, cuidate • Ana siempre estará bien • [Ana /Supersubmarina]
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22.6.10
Diana F+
Ayer a puntico no fuimos al encuentro. Nos pasamos todo el día con este tema en la cabeza, él y yo; y es que, coincidir un España-Honduras, una reunión sorpresa en Girona y una cena judeña no es compatible. Eso creíamos, porque al final el partido se medio vio; la reunión acabó de forma inesperada y terminamos cenando en La Cigale, en carrer Tordera en Gracia. (Abro un paréntesis en mi narración de los sucesos) Menudo sitio este. Tiene su toque. Tengo que llevar a las Ladies. Es un lugar bohemio, lleno de butacas y sofás, y repleto de estanterías llenas de libros. Decorado a lo viejo, butacas y sofás de mil maneras, fotos antiguas con sus marcos más antiguos todavía, relojes de pared, lámparas con flecos y dos enormes pantallas de cine tanto en la parte de abajo como en el altillo de arriba. Echaban el partido del mundial, como se era de esperar. El ambiente, gente joven. Anoche vimos futbol (o lo intentábamos, porque había una histérica de rayas que nos tenía fritos), pero allí se deben de montar unos encuentros intelectuales de lectura y cine de aupa. Por lo menos tiene la pinta. Cenamos requete bien. Tienen una variado de cosas todas ellas ricas: ensaladas, tablas, tortillas, woks, hamburguesas, cocteles… He de decir que a los postres no llegamos. ¡Estábamos tipsssss!
Sobró, a parte de comida, algún que otro comentario pero en general la noche estuvo bien. Mejor lo de esperado incluso se podría decir. Sabíamos a lo que íbamos aunque nos fastidiaba que fuera así. Hacía un montón de tiempo que no nos reuníamos los seis. La última vez fue por un cumple y anoche, pues se tenían pendientes dos aniversarios. Los nuestros. Como ya habían pasado, no queríamos que nos regalaran nada. Pero como quien oye llover. Siempre se pasan. Les va lo de los regalos caros y eso a nosotros no nos mola. Normalmente se gastan pelas en cosas que luego a nosotros ni fú ni fá. Se nota que esta vez fue la Evi quien se encargó del mío y… ¡acertó! ¡y de qué manera!. Siendo egoísta, ¡me encanta!; y siendo sincera, no deberían habérmelo regalado. Bueno, lo cuento. Pero con el título de esta entrada creo que queda claro que me han regalado. ¡UNA DIANA F+! ¿Qué no sabéis qué es? ¡UNA LOMOGRAPHY!. ¡Ai! Estoy como niña con juguete nuevo. Es más bonica. No saben lo que han hecho, que sin tener una, yo creo que ya era “dianadicta”. Como me aficione va a ser mi ruina, porque barato y fácil de conseguir y revelar no es. Para esto, money, money; y la verdad, ahora mismo no es que me sobre. Tengo que confesarme, mis pecados son los siguientes: ya estado alcahuteando por internet y ya le he echado el ojo al flash, al respaldo para carretes de 35mm, a las fundas y… (redoble de tambores)… ¡al respaldo Instant Back!. Para conseguir fotos ¡al más puro estilo Polaroid!. Impresión instantánea ¡un sueño!
Ahora me siento mal por haber sido tan perversos ayer. ¿Qué mala soy verdad? ¿Cuál es mi penitencia?
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8.6.10
Zzz Zzz Zzz...
“Zzz Zzz Zzz…”. Hace tiempo que llevo siguiendo con discreción sus vuelos. “Zzz Zzz Zzz…”. Un buen día, sin saber cómo, mi terraza se llenó de un zumbido dulce y delicado. “Zzz Zzz Zzz…”. Una incansable y generosa abejita había elegido mi terraza y mis macetas. Pensé en fumigar pero algo me detuvo. El miedo a su picadura, me decía sí y un algo en ese “Zzz Zzz Zzz…”, me decía no. Tengo un problema enorme con estos insectos. Si me pican puedo morir. Me inflo, me ahogo, me da un no sé qué. Pero de ella, no tuve miedo. Vi cierto encanto en su estrategia de vuelo. Llega con su “Zzz Zzz Zzz…” y se posa delicada en lo alto de la barandilla. Bajo un rayo de sol. Y allí se queda un buen rato. Piensa y traza su descenso. Con calma se deja caer; y con precisión de cirujano, se posa sobre los pétalos. Estos apenas notan el impacto. Toda la flor, desde los estambres hasta el pistilo, se rinden a sus encantos. Su recorrido puede variar pero termina siempre por los jacintos. Creo que son sus flores favoritas y que se deja lo mejor para el final. Es una gran polinizadora. Con su diario ajetreo de flor en flor está consiguiendo diversificar las características de mi jardín. Desde que llegó, todo está más colorido, más bonito.
A la hora de la siesta, sueño que me convierto en una abeja “Zzz Zzz Zzz…” y que consigo infiltrarme en su mundo libelólico. Ella es la reina de la colmena, por supuesto. Contagia al resto de integrantes de este dulce espacio, su dedicación y asombroso cuidado por las cosas pequeñas. Esas cosas cotidianas que brillan con luz propia y que a veces pasan desapercibidas; pero que merecen ser contempladas con detenimiento y ojos infantiles. Creo que esta es la gran razón por la que en su día la alzamos como reina.
A la hora de la siesta, sueño que me convierto en una abeja “Zzz Zzz Zzz…” y que consigo infiltrarme en su mundo libelólico. Ella es la reina de la colmena, por supuesto. Contagia al resto de integrantes de este dulce espacio, su dedicación y asombroso cuidado por las cosas pequeñas. Esas cosas cotidianas que brillan con luz propia y que a veces pasan desapercibidas; pero que merecen ser contempladas con detenimiento y ojos infantiles. Creo que esta es la gran razón por la que en su día la alzamos como reina.
Somos un gran equipo. Miramos por el bien común y colaboramos para tener ventilada y limpia la colmena. Ningún intruso debe entrar. Se admiten visitas en son de paz. Si salta el Detector de Humos Indeseables Destroza Equilibrios, quedamos para tomar una infusión de flores silvestres, charlamos con Amor (La Alcaldesa) y atajamos el asunto de manera diestra y dialogante. Es que, nuestras Ladies Sessions son muy importantes. Somos unas abejitas dispuestas a compartir todo tipo de información para que toda la comunidad se beneficie con la localización del alimento. Tanto el cuerpo como el alma lo tenemos bien servido. ¡Menudos majares encontramos!. Lo de danzar en el aire nos va mucho, aunque de vez en cuando, el GPS de alguna falla y hay que recalibrarlo. Fallos mecánicos en algunos casos, en otros de percepción y en otros ¡interferencias no deseadas! Entonces, toca mudar la actividad normal, no queremos que ninguna perezca en ningún jardín de ortigas. La abeja reina, mi abeja reina, “Zzz Zzz Zzz…” nos llama y todas acudimos en frenético vuelo a tratar de alcanzar a la extraviada. Parece que nuestro mundo se derrumba y que nos volvamos locas pero tan sólo se trata de “un hoy por ti, mañana por mí”. Muchas veces nos inunda el miedo de que algún miembro nos abandone y es que ya ha habido algunas pérdidas. Así que, cuando alguna andamos un tanto enfermizas o con falta de energía o medio miopes sin acertar al centro de la flor, la reina monta un guateque para animarnos. Porque sería una pena abandonar la colmena a estas alturas.
Antes éramos más y todas abejas con el mismo nombre. Con excepciones que confirman la regla, claro está. Últimamente a la reina le ronda un zángano. Sus pretensiones no son lascivas ni reproductoras. Es un bonachón cautivado por las mismas artes que me cautivaron a mí. Se quiere ganar las alas. Yo ya se lo he dicho: “eso, sólo depende de la reina”. A la reina le hace gracia su presencia, se ríe de sus tontás y ya medio le ha insinuado que tiene todas las papeletas para ser ascendido socialmente. Él intenta mostrarse tranquilo e incluso indiferente, pero ansía su nuevo nombramiento. La reina es una buenaza. Yo le metería más caña, pero como a él, en gran medida, le debe su título nobiliario… creo que lo tiene todo ganado.
Se acabó la siesta. Todo ha sido un sueño o… ¿tal vez, no?.
FELIZ CUMPLEAÑOS REINA MÍA. “Zzz Zzz Zzz…”

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13.5.10
El Rumenigge
Con estupor, miró balcón abajo. ¿Cómo podía haberle pasado?. Ya había perdido la cuenta de la cantidad de coches y lapiceros que habían perecido de esta cruel manera. Lo sabía, lo que caía nunca volvía a subir. Se incorporó todo indignado. Tensó todos los músculos de su cuerpo y apretando con fuerza cejas, dientes y puños, se sintió enrabietar. Todo rojo gritó: “¡Yaya!”. Sabía que era inútil el intento, pero por probar no perdía nada. Tal vez su judeña abuela, la Dionisia, se pusiera en jarretas, rumiara un poco y le fuera a buscar su precioso Renault 5 Alpine Turbo. Pero todos andaban un poco ocupados. Iba a ser difícil que le atendieran.
El sol ya apretaba y eso que julio no había hecho más que empezar. La piscina de las viviendas estaba a reventar. Carlos, el hermano de el Rummenigge, hacía horas que andaba tirándose de cabeza y buceando. A él, no hubo manera de convencerlo. Con lo bien que estaba en su balcón, como para bajar a la piscina estaba él. El Rummenigge no entendía muy bien tanto alboroto. A él tan sólo le preocupaba su pequeño tesoro: su colección de coches de juguete. No hacía mucho, en mayo para su cumpleaños, le habían regalado un parquing con sus cuestas, sus plazas de aparcamiento y su barrera de acceso y salida. Todo lo demás le importaba un bledo. Y la inmensidad que distaba del balcón a la calle le había arrebatado uno de sus coches preferidos.
Toda la familia se estaba preparando para pasar unos días en el pueblo y huir del asfixiante calor barcelonés. Dionisia lo anhelaba, ya echaba de menos jugarse unos durillos al julepe con las del pueblo. Su madre sólo deseaba que fuera un ir y volver. Carlos padre tenía que trabajar. Este año lo de pillarse vacaciones en la Seat iba a ser un poco difícil. Llevaría a los zagales y a madre; y él y Sole se volverían a Barcelona. El Rummenigge ignoraba lo que le esperaba. Le iban a sacar de su parque de juegos al aire libre y no se iba a poder librar. No ir a la piscina era una cosa pero no ir al pueblo era otra. El año anterior había estado pero no se acordaba muy bien. Sole si que se acordaba. Menudo disgusto cuando lo fueron a buscar. Un día memorable aquel. Se escondió tras las faldas de la Dionisia y mirándola, con ojos asustados, dijo “Yaya, ¿quienes son estos señores?”.
Meterlo al coche fue una odisea. Se resistió. Aunque no tanto como toda la familia se pensaba. Bastó decirle que una impresionante Motoreta roja le esperaba en el pueblo. ¡Una G.A.C! ¡La bicicleta de los chicos malos del barrio, la Harley de las bicicletas! Cuando montabas en ella y el viento te daba en la cara, te sentías el rey de la calle. O por lo menos eso decían por el barrio. Se pasó todo el viaje pensando en ella y en sus características técnicas, avanzadísimas para su época, por cierto. Como iba a fardar. Se podía plegar y tenía un asiento enorme. Se iban a pegar todos por ir de paquete. Pero lo que más le molaba de su futura, y primera bici, eran sus muelles de horquilla. Eran falsos, vale. Solo adornaban, vale. No servían de suspensión, vale. Y ¿qué?. Esa bici era la bici por excelencia. Lo tenía todo pensado, nada más llegar, la probaría y después le daría el toque maestro. Porque lo único que necesitaba una Motoreta era un cacho de botella de plástico golpeando en los radios. Bajó la ventanilla y el pelo se le empezó a mover. Se imaginó haciendo una carrera. Él y Carlos. Seguro que ganaba a la BMX de ruedas azueles de su hermano. Estaba seguro, lo sabía. Eso nunca pasaría, Carlos, era mayor, mas fuerte y con más mala leche; siempre le ganaba. Lo que sí pasó y no sabía es que ese verano marcaría su destino. Dejaría de llamarse El Rummenigge y pasaría a llamarse El Rata.
Cumpliste años hace unos días. El martes concretamente. Te llamaron mucho pero estuviste solo. Espero que te guste esta entrada, la he hecho pensando en ti. FELIZ CUMPLEAÑOS.
El sol ya apretaba y eso que julio no había hecho más que empezar. La piscina de las viviendas estaba a reventar. Carlos, el hermano de el Rummenigge, hacía horas que andaba tirándose de cabeza y buceando. A él, no hubo manera de convencerlo. Con lo bien que estaba en su balcón, como para bajar a la piscina estaba él. El Rummenigge no entendía muy bien tanto alboroto. A él tan sólo le preocupaba su pequeño tesoro: su colección de coches de juguete. No hacía mucho, en mayo para su cumpleaños, le habían regalado un parquing con sus cuestas, sus plazas de aparcamiento y su barrera de acceso y salida. Todo lo demás le importaba un bledo. Y la inmensidad que distaba del balcón a la calle le había arrebatado uno de sus coches preferidos.
Toda la familia se estaba preparando para pasar unos días en el pueblo y huir del asfixiante calor barcelonés. Dionisia lo anhelaba, ya echaba de menos jugarse unos durillos al julepe con las del pueblo. Su madre sólo deseaba que fuera un ir y volver. Carlos padre tenía que trabajar. Este año lo de pillarse vacaciones en la Seat iba a ser un poco difícil. Llevaría a los zagales y a madre; y él y Sole se volverían a Barcelona. El Rummenigge ignoraba lo que le esperaba. Le iban a sacar de su parque de juegos al aire libre y no se iba a poder librar. No ir a la piscina era una cosa pero no ir al pueblo era otra. El año anterior había estado pero no se acordaba muy bien. Sole si que se acordaba. Menudo disgusto cuando lo fueron a buscar. Un día memorable aquel. Se escondió tras las faldas de la Dionisia y mirándola, con ojos asustados, dijo “Yaya, ¿quienes son estos señores?”.
Meterlo al coche fue una odisea. Se resistió. Aunque no tanto como toda la familia se pensaba. Bastó decirle que una impresionante Motoreta roja le esperaba en el pueblo. ¡Una G.A.C! ¡La bicicleta de los chicos malos del barrio, la Harley de las bicicletas! Cuando montabas en ella y el viento te daba en la cara, te sentías el rey de la calle. O por lo menos eso decían por el barrio. Se pasó todo el viaje pensando en ella y en sus características técnicas, avanzadísimas para su época, por cierto. Como iba a fardar. Se podía plegar y tenía un asiento enorme. Se iban a pegar todos por ir de paquete. Pero lo que más le molaba de su futura, y primera bici, eran sus muelles de horquilla. Eran falsos, vale. Solo adornaban, vale. No servían de suspensión, vale. Y ¿qué?. Esa bici era la bici por excelencia. Lo tenía todo pensado, nada más llegar, la probaría y después le daría el toque maestro. Porque lo único que necesitaba una Motoreta era un cacho de botella de plástico golpeando en los radios. Bajó la ventanilla y el pelo se le empezó a mover. Se imaginó haciendo una carrera. Él y Carlos. Seguro que ganaba a la BMX de ruedas azueles de su hermano. Estaba seguro, lo sabía. Eso nunca pasaría, Carlos, era mayor, mas fuerte y con más mala leche; siempre le ganaba. Lo que sí pasó y no sabía es que ese verano marcaría su destino. Dejaría de llamarse El Rummenigge y pasaría a llamarse El Rata.
Cumpliste años hace unos días. El martes concretamente. Te llamaron mucho pero estuviste solo. Espero que te guste esta entrada, la he hecho pensando en ti. FELIZ CUMPLEAÑOS.
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