29.5.10

Love of Lesbian + ONCA

Definitivamente esto ya se ha convertido en una obsesión. ¡Un vicio!. Nos apuntamos a todos sus conciertos y… sigo sin aparecer en las fotos. ¡Qué decepción!. Y esta vez juro que iba muy mona. Vestida para la ocasión. No fue un atuendo muy pensado. Salí de la ducha y con el pelo más que mojado me metí por la cabeza el vestido negro de la España interior. Retoque en el flequillo y a la calle. Pues nada. Ni con esas. Tal vez tenga que hacerme una camiseta que ponga: ¡FOTO! SOY FAN DE JOHN BOY. Debajo en pequeñito: Y DE LOVE OF LESBIAN TAMBIEN.

Ya los hemos visto de todas, o casi todas, las maneras imaginables. Bueno, el concierto de Madrid, en el que todo el público tenía que ir con una guitarra, no. En realidad no salimos del territorio catalano-aragonés. Aunque nos han sugerido hacerlo. Aunque creo que es “una petición planetaria”. Tal vez nuestra próxima asistencia sea el 13 de Junio porque… BCN té sang. Por el momento, saboreo el buen rato que pasamos en el Auditori de Sant Cugat. LOVE OF LESBIAN acompañado de una orquesta muy especial. LA OREQUESTRA NACIONA CLÀSSICA D'ANDORRAL, fantástica. El escenario precioso. Un concierto irrepetible. Había pillado asientos en la 5º fila, primeras filas nuestra obsesión. Detrás se nos sentó un niño que la enamoró con su Domingo Astromántico. Los niños del futuro, ¡vaya hijos de puta!. Delante, unos petardos que me atacaban los nervios cada vez que abrían la boca. Que se le va a hacer, todo no podía ser perfecto. ¡Qué rabia cuando vi a la de rojo en la foto! ¡¿Por qué ella sí y yo no?! ¡¿Por qué?!. Es imposible. No. Misterio. No pierdo las esperanzas, la próxima vez seré yo la que saldré. Lo juro.

26.5.10

Encuentros casuales fascinantes: La señora del Que!

El tren continúa su trayecto. Hacía tiempo que no viajaba a este lado, ni a esta hora. Son las 10:33 acabamos de salir de Reus. El termómetro marca 20ºC, aunque diría que hace más calor. Luce el sol y la playa está particularmente bonita. Decididamente tengo buen ojo. La elección del asiento en estos casos es decisiva y yo siempre elijo bien. No me gusta presumir pero es así. Mi atino me proporciona encuentros casuales fascinantes y hoy he estado muy fina.

No sé cómo se llama. Esto en realidad no importa. Hasta hace unos segundos la tenía sentada delante. Momento de esos raros que acostumbran a salpicar bastante a menudo mi vida. Cuando los cuento, suelen sorprender. Parecen una invención, pero juro que son encuentros reales. A la primera que pillan desprevenida es a mí.

Se ha girado y me ha ofrecido un usado QUE!. Extrañada le he sonreído y le he dado las gracias. Normalmente los suelen dejar abandonados a la espera de quien los cace. A mí, me lo han regalado. Porque ha sido un premio o, por lo menos, eso me ha parecido. Acababan de llamarme al móvil llegando a Altafulla. Conversación corta llena de cariño. “Deu (transcripción: Adeu), guapa. Te quiero” “Y yo deu (Adeu). Te echaré de menos”. Al rato, ella y su periódico. “Por cierto. Tengo que darte las gracias. Encontrarse con gente como té es extraño”. Mi cara le decía que no entendía por qué, pero… “Gracias”. “Antes cuando te ha sonado el teléfono, me dicho: Quina nena mes maca. Aquesta és de les meves”. Seguían sin entender, pero mis ojos no paraban de darle las gracias. “Es difícil encontrar gente que hable por el móvil como tú los has hecho. Tenía ganas de girarme y conocerte. Es que hay gente que chilla mucho y te rompe la calma. En cambio tú…” Por fin lo comprendía. “Ya, entiendo. Hay gente que se olvida que hay personas alrededor” “No creas que he escuchado lo que decías. Ha sido tu timbre, tu tono. Sonaba tan dulce. Me has transmitido paz” ¡Qué sorpresa! ¡Qué honor! Inmerecido totalmente, pero… ¡gracias!. “Vaya, gracias” “Me he dicho: Aquesta nena arribarà lluny d'aquesta manera. T'estic molt agraïda”. ¡Yo, sí que estoy agradecida! “No hay de qué, cuesta muy poco” “Porto tot el matí molt inquieta. Avui és un dia difícil per a mi. Trobar-me amb tu ha estat meravellós. Tu voz tiene mucha profundidad. Calma. Transmites calma. Gràcies nena m'has donat forces” ¿Fuerzas? ¿Cómo? ¿Cómo he dado tanto con tan poco? ¿Cómo he dado tanto sin enterarme? Señora, se equivoca, creo que esto está siendo a l'inrevés. “Lo mismo digo. Encontrarme con usted, ha sido muy mágico. Que pase muy buena mañana” Sonríe y se gira. Miro alrededor. Siempre miro por si alguien me señala y me dice: “¡Inocente!”

¡Dios, ha sido maravilloso! Me han entrado ganas hasta de abrazarla. ¿Qué le daría tanto miedo? No he preguntado. Nunca lo hago. ¿Por qué nunca preguntaré? Tal vez, sólo necesitara hablar. No sentirse sola. Me alegra tanto haberla acompañado hacia la tranquilidad. ¡Le he transmitido felicidad! ¡Brutal! Aunque en realidad, esta mañana ella ha hecho más por mí que yo por ella. En si que ha marchado, me he puesto a escribir. Ya estamos en Mora la Nova y creo que el chico de los asientos de al lado me mira con curiosidad. Llevo un buen rato tachando y rehaciendo este texto, aprovechando hasta el último milímetro de esta hoja usada que tenía por la mochila. Iba a utilizar el QUE!, pero me ha sabido mal. Tal vez alguien lo quiera leer.

24.5.10

My little box

Bueno, bueno ¡qué descubrimiento! Visitando el zapatiblog de Bambino ¡lo que me he encontrado! ¡A una artistaza! Se llama JOANA SANTAMANS. Quien tenga un rato que se pase por el nº 4 del Carrer Igualada del Barrio de Gracia. Del 5 al 31 de mayo expone Playground. Le he estado echando un vistazo a su trabajo y destaco en concreto un pequeño tesoro. De esos que emocionan. Cajas de madera pintadas con acrílicos y rotuladores. Entre todas ellas, algunas sensacionales. Se recomienda mirar en su interior, llevan sorpresa.

20.5.10

Sakamura, Corrales y los muertos rientes

Lo leí por recomendación: Sakamura, Corrales y lo muertos rientes de Pablo Tusset. Aunque en su día lo compré yo. Sabía que con Tusset acertaría. Es un tipo “tan, tan...” chistoso. Lo mejor que le puede pasar a un cruasán fue todo un tino. Una novela “tan, tan…” delirante. Aunque lo que realmente me atrajo del libro nada más verlo, aquel 23 de Abril, fue el color de su portada. Amarillo intenso. No amarillo canario sino más bien amarillo huevo. Pero no huevo batido. Amarillo yema de huevo. De huevo de corral. Se entiende, ¿No? Total, que este color me pirra. Difícil de llevar pero “tan, tan...” adecuado para según qué cosas. A parte, menuda ilustración. ¡Los personajes están clavaos! Bueno, vale. Primero fue la ilustración y luego la lectura, ¡pero qué culpa tengo yo de que la portada sea como es! Ninguna. Esto es “tan, tan...” injusto. Es cosa de BERNAT LLITERAS para Bravo Factory. Que por cierto, no conocía de esta Illustration Agency y pinta “tan, tan...” bien.


19.5.10

Los Planetas son chupis

Llevo tiempo intentado encontrar tiempo. Últimamente me falta. Se me disuelve en las manos sin ni siquiera enterarme. Menos mal que lo de vivir en dos mundos paralelos, que no “para lelos”, se acaba pronto. Aunque he tenido mis más y mis menos. Creo que estos viajes interestelares, al fin y al cabo, están resultando una buena experiencia. Otra cosa son los agujeros negros. Tema insuperable de por vida. El tiempo que necesitaba lo estoy medio usurpando a la gana. Es hora de comer y ¡me muero de hambre! Pero ya me he hecho de rogar bastante. Necesito hablar de LOS PLANETAS. Sí, Xispi, ha llegado la hora. Sin censura.



En mi vida Los Planetas tienen un raro sitio oculto en mis entrañas. Con él vinieron ellos, y comencé a pasar las tardes en aquella habitación de Mejía Lequerica. Pequeña, angosta y oscura. Ventilada a través de un patio de luces todavía más pequeño, angosto y oscuro. Bueno, ventilada, ventilada, eso es un decir. Abrir la ventana era todo un reto. Apto sólo para valientes. Tumbados en la cama veíamos las horas pasar. Donetes y Cacaolat para merendar y besos, muchos besos, cantidades de besos. Su nariz chocando con la mía nos observábamos las pupilas. Podíamos pasar horas mirándonos. De fondo la música rara de Los Planetas, que ese chico que tanto me gustaba me ponía cada vez que lo visitaba. Él se quedó y ellos también.

Cuando parece que no están, que se han marchado, salen de su escondite. Me los encuentro en el momento menos esperado. En Zaragoza, hablando con Xispi, en el coche,... Aunque hay veces que los buscamos. Como nos pasó en El Albaicín en Granada. Él ya sabía del lugar. Pasó por allí de casualidad unos meses antes. La tetería fue la escusa, si mal no recuerdo. Y allí estaba la pintada todavía.“¡LOS PLANETAS SON CHUPIS!” A lo que alguien había añadido: “VIVA GRANÁ Libre y Fonk”. Tenemos que volver, aunque el té sea la escusa y el limar aspereces, con lo que allí sucedió, sea la razón. Ese viaje fue mucho viaje. Punto de inflexión que casi nos rompe por completo. Pero lo que no nos mató nos hizo más fuertes. Sigo mirándome en sus pupilas y Los Planetas siguen sonando en nuestras vidas.

13.5.10

El Rumenigge

Con estupor, miró balcón abajo. ¿Cómo podía haberle pasado?. Ya había perdido la cuenta de la cantidad de coches y lapiceros que habían perecido de esta cruel manera. Lo sabía, lo que caía nunca volvía a subir. Se incorporó todo indignado. Tensó todos los músculos de su cuerpo y apretando con fuerza cejas, dientes y puños, se sintió enrabietar. Todo rojo gritó: “¡Yaya!”. Sabía que era inútil el intento, pero por probar no perdía nada. Tal vez su judeña abuela, la Dionisia, se pusiera en jarretas, rumiara un poco y le fuera a buscar su precioso Renault 5 Alpine Turbo. Pero todos andaban un poco ocupados. Iba a ser difícil que le atendieran.

El sol ya apretaba y eso que julio no había hecho más que empezar. La piscina de las viviendas estaba a reventar. Carlos, el hermano de el Rummenigge, hacía horas que andaba tirándose de cabeza y buceando. A él, no hubo manera de convencerlo. Con lo bien que estaba en su balcón, como para bajar a la piscina estaba él. El Rummenigge no entendía muy bien tanto alboroto. A él tan sólo le preocupaba su pequeño tesoro: su colección de coches de juguete. No hacía mucho, en mayo para su cumpleaños, le habían regalado un parquing con sus cuestas, sus plazas de aparcamiento y su barrera de acceso y salida. Todo lo demás le importaba un bledo. Y la inmensidad que distaba del balcón a la calle le había arrebatado uno de sus coches preferidos.

Toda la familia se estaba preparando para pasar unos días en el pueblo y huir del asfixiante calor barcelonés. Dionisia lo anhelaba, ya echaba de menos jugarse unos durillos al julepe con las del pueblo. Su madre sólo deseaba que fuera un ir y volver. Carlos padre tenía que trabajar. Este año lo de pillarse vacaciones en la Seat iba a ser un poco difícil. Llevaría a los zagales y a madre; y él y Sole se volverían a Barcelona. El Rummenigge ignoraba lo que le esperaba. Le iban a sacar de su parque de juegos al aire libre y no se iba a poder librar. No ir a la piscina era una cosa pero no ir al pueblo era otra. El año anterior había estado pero no se acordaba muy bien. Sole si que se acordaba. Menudo disgusto cuando lo fueron a buscar. Un día memorable aquel. Se escondió tras las faldas de la Dionisia y mirándola, con ojos asustados, dijo “Yaya, ¿quienes son estos señores?”.

Meterlo al coche fue una odisea. Se resistió. Aunque no tanto como toda la familia se pensaba. Bastó decirle que una impresionante Motoreta roja le esperaba en el pueblo. ¡Una G.A.C! ¡La bicicleta de los chicos malos del barrio, la Harley de las bicicletas! Cuando montabas en ella y el viento te daba en la cara, te sentías el rey de la calle. O por lo menos eso decían por el barrio. Se pasó todo el viaje pensando en ella y en sus características técnicas, avanzadísimas para su época, por cierto. Como iba a fardar. Se podía plegar y tenía un asiento enorme. Se iban a pegar todos por ir de paquete. Pero lo que más le molaba de su futura, y primera bici, eran sus muelles de horquilla. Eran falsos, vale. Solo adornaban, vale. No servían de suspensión, vale. Y ¿qué?. Esa bici era la bici por excelencia. Lo tenía todo pensado, nada más llegar, la probaría y después le daría el toque maestro. Porque lo único que necesitaba una Motoreta era un cacho de botella de plástico golpeando en los radios. Bajó la ventanilla y el pelo se le empezó a mover. Se imaginó haciendo una carrera. Él y Carlos. Seguro que ganaba a la BMX de ruedas azueles de su hermano. Estaba seguro, lo sabía. Eso nunca pasaría, Carlos, era mayor, mas fuerte y con más mala leche; siempre le ganaba. Lo que sí pasó y no sabía es que ese verano marcaría su destino. Dejaría de llamarse El Rummenigge y pasaría a llamarse El Rata.

Cumpliste años hace unos días. El martes concretamente. Te llamaron mucho pero estuviste solo. Espero que te guste esta entrada, la he hecho pensando en ti. FELIZ CUMPLEAÑOS.


7.5.10

6.5.10

Persiguiendo sombras después de vivir con los fantasmas

Ha llegado el momento. Os he dicho lo que tenía ganas de decir. Sin miedos. ¿No quedamos en eso? ¿No quedamos en que la vida es un please?. Me siento feliz y lo grito. Todo no es perfecto. Hay mucha imperfección todavía, pero ya no me crispa. Está, lo sé, lo sabe; y me da igual. Estoy aquí. Tengo sueños por cumplir. Está dejando de hacer mal tiempo y es hora de disfrutar. Aunque llueva, voy a sonreír. Aunque me duela, no voy a llorar más que lo justo y lo necesario. Estoy rodeada de gente estupenda. Sería una imbécil si dijera que estoy sola. Gracias, esto te lo debo a ti. Sería una imbécil si no viera la belleza de lo insignificante. Tú me abriste lo ojos y me tendiste la mano. Sería una imbécil si no oyese mi corazón latir. Tú me recordaste qué aún lo quiero hasta morir. Sería una imbécil si te dejase apagar, porque tu luz antes brillaba con fuerza sobre las demás. Me siento curada. Ya no hay fantasmas a mi alrededor, sólo sus sombras. Están, lo sé; y no me importa lo más mínimo. Cuando las tenga que perseguir lo haré. Sin reparos. Ya sé quiénes son y de qué pie cojean.

Gracias a todos por plegar cada uno de mis males y hacer con ellos un bello origami. Sin tijeras ni pegamento. La esencia que se esconde tras vuestros dedos ha sido la magia que mi espíritu dolorido necesitaba.

Este vídeo es muy especial, me lo reservaba justo para este momento.
Es de DAVID ALTOBELLI. Me lo encontré, no sé muy bien cómo, cuándo ni dónde, tal vez esto dé lo mismo. Fue concebido para ilustrar una canción; ellos son HAMMOCK, una banda americana de Nashville, Tennessee. No tengo ninguno de sus discos pero debería. Espero que os guste.

3.5.10

Mr. Krinkle

A veces, las imágenes te inspiran y otras, pues tienes ideas sin imágenes. Precisamente esto me pasó con la entrada de La ladrona de libros. Ilustré con la portada del libro. No está mal pero yo quería otra cosa. Hoy esa imagen me ha encontrado a mí. Y lo mejor de todo, es que tiene nombre propio: Sr. Krinkle.

Dando una vuelta por Design is mine, allí estaba él tocando el acordeón, en una entrada dedicada a la música. Muy posiblemente el padre de Liesel, Hans Hubermann, se pareciese al Sr. Krinkle. Me lo imagino con la misma guisa, pero rubio y sin bigote. El dibujo me ha fascinado. Es de ANDREW BANNECKER. Me encanta la ilustración y ¡este tío es fabuloso! Encontrarme con estas joyitas me alegra el día. Tanto, que me estoy olvidando de que llueve a cántaros y de que el 1 de Mayo, día del trabajador, viví un día un tanto disperso y confuso.

Fui toda decidida a comprar y de recados, muchas cosas pendientes, que se quedaron pendientes todavía, porque no me acordaba ¡qué era fiesta!. Comprender que todo estuviera cerrado me costó un rato. Fue un momento en el que no entendía nada. Incluso llegue a pensar que estaba soñando. Algo de pánico me entró, lo reconozco. Veía a todos tan tranquilos paseando por la calle. No comprendía como todo el mundo estaba tan relajado y sin preocuparle lo más mínimo que todos los locales tuvieran la persiana bajada, ¡un día que tenían que estar subidas!. Tal vez fue un micro segundo, o más bien unos micro minutos, pero el descoloque que viví fue total. Ahora me río. ¿Qué voy a hacer? Además, no iba sola y mi acompañante tampoco entendía nada. ¡Menuda pareja estamos hecha!

2.5.10

Por ser una madre excelente

Hoy es el primer domingo de Mayo. Día de la madre. Día de mi madre y de todas las madres. Día de la madre que nos parió. Como es de bien nacidos ser agradecidos, quien no tenga hoy un mínimo detalle con sus mamis es…, es un…, es…, pues eso, ¡un mal nacido!. Sabía que hoy iba a ser difícil compartir este día con mi madre, así que, antes de volver, le dejé una sorpresa. Tres macetas de margaritas (dos blancas y una amarilla, dos por ella y una por mi), con una banderita roja clavada, hecha con papel de regalo y un palito que encontré en la estantería del zapatero, que decía: “Por ser una madre excelente. Marta”. Sabía que las flores le harían ilusión. Le encantan las margaritas blancas. Son sus favoritas. Además en maceta, para que mi padre se las plante en la terraza y le duren tiempo y tiempo. Lo de la banderita, pues no me pude resistir. Creo que hoy es un día para que, con casi nada, los hijos hagamos grandiosos regalos. Cuántas madres hoy habrán recibido un collar de macarrones, joya de incalculable valor; o un dibujo con plastidecor, obra de arte digna de exponerse en los mejores museos, las neveras. Cuántas habrán sido las que han recibido unas lentejas germinadas en un frasco de cristal de danone; o un ramo de las flores más bellas que existen, las de papel. A cuántas les habrán dicho hoy “mamá eres la mejor”, “mamá qué guapa eres”. Porque nuestras madres se lo merecen. Nos dieron la vida, y no hay regalo más grande que este. Gracias mamá. Te quiero. “Por ser una madres excelente, por ser un madre excelente, por ser una madre excelenteeeeee, que siempre lo será”

1.5.10

La ladrona de libros

Hace ya semana y media que acabé otro libro: La ladrona de libros de Markus Zusak. Pensaba que sería un libro costoso de leer pero iba equivocada. Superado el primer capítulo, el que he denominado “el de la confusión”, todo fue rodado. Esta lectura ha sido casi enfermiza. No fallé ninguna noche. Fuera la hora que fuera. Tal vez sea porque comencé a sentirme identificada con la protagonista. Bueno, esto lo explico luego. Antes de nada, contar como llegó este libro a mis manos.

Rondaba por casa de mis padres. Lo vi y lo cacé al vuelo. Mi madre estaba en uno de esos periodos, de ella, de hacerse de algo. Esta vez tocó El Círculo de Lectores. La engatusaron y cayó. Hasta que la obligación de la compra mensual la hizo desapuntarse de nuevo. Porque, esto hay que decirlo, era la segunda vez que caía en esto de los libros. Nunca lo he entendido. Supongo que siempre lo ha hecho por mí. Yo soy la devoradora de libros de esa casa. Aunque últimamente mi padre me está quitando el puesto con su lectura temática. Roma le abduce. Con cada pedido, la llamada de rigor. “Marta, ¿qué libro cojo?”. Me nombraba los que había nuevos en la revista y yo le decía… “Pues este no pinta mal… Este otro tampoco pinta mal…” Y así nos pasábamos un rato al teléfono. Un día le sugerí La Ladrona de libros, su resumen me cautivo. A mi madre, no tanto. No pasó del primer capítulo, no le dio ni una oportunidad. Por eso, el día que le eché el ojo en casa, tardó bien poco en decir que me lo llevara. Ahora es mío.

No quiero adelantar nada. Leedlo. Tan sólo decir que yo de pequeña era como esa niña. Estaba obsesionada con las palabras. Los libros siempre fueron un gran tesoro y el mejor de los regalos. De esto sabe mucho el librero de mi pueblo. Los días que mi hermano tenía fútbol, natación, karate, trial,… o la actividad deportiva extraescolar que fuera, bajaba sola a casa. Era mi día mágico. Me sentía la persona más afortunada del mundo. Pocos podían decir que de camino a su casa tenían la Librería Miguel Ibáñez. Era entrar y… ¡oooo!... toda forrada de libros. Miguel al fondo. “¡Buenas!”. “Hola, Miguel”. No hacía falta decir nada más. Pasaba mis dedos por el lomo de los libros, de múltiples colores y tamaños. Susurraba casi todos los títulos, de una estantería a otra. Casi podía saborear las palabras. Recorría toda la pequeña tienda con la mirada. Era un instante que dilataba hasta el infinito. Era tanta la tentación. Cogía uno. Me sentaba en el suelo y me acurrucaba en un rincón. Así se me pasaban las horas. Él hacía que no estaba y yo viajaba entre páginas a otros lugares, a otros mundos. Cuando ya era muy tarde me mandaba para casa o si pasaba mi madre le hacía un gesto como diciéndole: “Está aquí, tranquila”. No sé ni los libros que me puede llegar a leer. He perdido la cuenta. El librero nunca me echó, nunca me hizo comprar ninguno. Miguel era mi guardián de libros. Nunca le robé, hubiera estado mal. Cuando sentía ese irrefrenable deseo, rompía la hucha y deseaba tener el dinero suficiente para llevarme uno de esos libros, que había leído mil veces, a mi casa. Conmigo para siempre. Miguel debía chivarse a mi madre, porque por arte de magia, los libros que más ansiaba un día aparecían por casa, en una estantería, en un rincón, encima de la cama,...