26.7.10

Un fin de semana Knopfler

Al final resultó que Knopfler nos esperaba a los cuatro en Badalona. Porque… ¡sí! ¡yo estuve en el concierto de Mark Knopfler!. Berbe y yo acabamos en el gallinero del pabellón, encima de los carteles publicitarios. Por una vez en su vida, se pagó un concierto. Le tengo que dar las gracias, porque había que estar. Fue espectacular. Dejamos a mis padres sentados en las gradas de pista, no se fueran a perder, era su primer concierto, concierto (para ellos los del pueblo en fiestas, no cuentan) y subimos a nuestro puesto. Desde allá arriba, todo el recinto se veía plagado de sillas. A medida que se acercaban las 10, iban quedando menos huecos. Desde nuestra perspectiva, la imagen era espectacular. Miles de cabezas colocándose en sus sitios de manera ordenada y escalonada. A Knopfler, no llegué a distinguirle la cara, pero para qué, teníamos su música. De vez en cuando, conectaban la cámara del mástil de su guitarra roja y blanca, y le veíamos, en la gran pantalla del fondo, mover los dedos sobre las cuerdas. Un Paco de Lucía a la escocesa, eso es lo que es. La puesta en escena no fue nada espectacular pero musicalmente, ¡fue lo más!. En la vida había estado, y no sé si volveré a estar, en un concierto que se escuche tan bien y que tenga la calidad que este tuvo. Tanto él como toda su banda son unos virtuosos. Sincronizados al milímetro dieron lecciones de cómo es hacer un directo ¡la hostia de bueno!. Fue impresionante. Los dedos de ese hombre son mágicos. Lo que más me sorprendió, a parte de su profesionalidad, fue la humildad. Todos ellos grandes músicos consagrados que entraron tranquilos y que no mostraron ni un solo ápice de divismo. Por no haber no había ni el típico foso de vallas amarillas. Las primeras filas del foso, tenían a Knopfler a un par de metros. Tan cerca, pero tan cerca que les debía de salpicar hasta el sudor. El concierto duró casi más de dos horas. Los bises y las ovaciones fueron numerosos. Knopfler comenzó con canciones de sus discos en solitario y acabó regalando a todos los presentes grandes éxitos de Dire Straits. Romeo & Juliet, Sultans of Swing, entre otros. Tras Sultans of Swing, el publico estalló en un “Oeeee, oeeee, oeeeeeee… Oeeee, oeeee,…” muy futbolero, que me recordó que aún seguimos con las fiebres del mundial. No había manera de callarnos, así que la banda entera tomó sus instrumentos y, bajo unos arreglos folk, nos acompañó en nuestros vítores de alegría. Qué momento aquel. Solo hacía que pensar cómo lo estarían viviendo, por allí abajo, mis padres. La gente de pista se levantó de sus asientos y se abalanzaron al escenario, los bises se sucedieron. El público no parecía cansarse y ellos tampoco. Canciones de más de siete minutos todas ellas. Desde las alturas, seguía los movimientos de todos esos espectadores, cuya media de edad rondaba los 50-60 años; me enorgullecía de ser hija de quién soy y de que mi banda sonora de la infancia hubiera sido la que fue. De no rondar esa edad y estar allí. Esperamos a mis padres a la salida, justo delante del merchandising. Tenía muchas ganas de ver su reacción. Mi madre salió toda feliciana diciendo, “Uff… cómo hemos gozado” A ella, que la música ni fú ni fá y que lo que le gusta es mover el culo en las charangas de las fiestas mayores, había disfrutado. Mi padre, con los ojos chispeantes y pletórico, por lo menos yo así lo sentí, me dijo, “Marta, gracias por el regalo” y me besó. Un poco más y lloro. “Gracias a ti…”, debía haberle dicho, “… por la herencia musical que me has dejado. Que la valoro más que él dinero y sé que me durará la vida entera”; y quién sabe, tal vez, yo también la deje en herencia.
Todo lo que hicimos a partir del viernes noche ya tuvo a Mark Knopfler de fondo. Tanto el viaje de vuelta en el ferrocarril, la sesión de bricomanía del día siguiente, como la cena en Il Fornetto en Sant Cugat, como el piscineo y el conejo a la brasa del domingo. Sé de buena tinta que se marcharon contentos, bien alimentados y tarareando Dire Straits. El viaje de vuelta se les hizo hasta corto. Estoy satisfecha y creo, esto os lo digo en la intimidad, que me he ganado unos puntos extra como hija. Sonará pretencioso que lo diga yo pero, sentí su felicidad y… sentí que me querían. “You get a shiver in the dark. It's raining in the park but meantime. South of the river you stop and you hold everything…”

4 comentarios:

  1. Ningún comentario???? Ya os vale!!! Pues el concierto fue una pasada!!!

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  2. AII jubins no te enfades,...que ayer fue un dia raruno!!!,...
    desde luego, que suertuda eres,...eso de saber que regalar a tu padre para hacerle feliz,...eso, eso es un PRIVILEGIO,...yo me mato a pensar cada vez que se acerca una fecha señalada, y al final caigo en los típicos-tópicos,...un concierto para mi padre?...yo creo que ni que Antonio Machín estuviera vivo ilusión le haría,...que le voy a hacer me salió soso....
    Me alegro que lo pasárais bien y que disfrutárais....

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  3. Aiii gaseosa me alegro un montón!!!!! A veces, ver a los demás felices, nos hace estar en el cielo!!!!!!

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  4. Xispi xispeante28/7/10 18:10

    UUUuuuuOOoooHHHHhhhh!!!! Si es que donde haya un buen concierto qeu se quite todo lo demás!! XD ..o casi todo...porque una buena cervecilla tampoco se perdona...jejeje

    Me alegro que os gustara, a todos!!!

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